28 de junio de 2011

Que no se queme la leche de sólo mirarla

Fabio Tarasow es Licenciado en Ciencias de la Educación /UBA) - Magister en Comunicación y Tecnología educativa por el ILCE (México) En la actualidad se desempeña como coordinador del Proyecto Educación y Nuevas Tecnologías de la Flacso Argentina. Publica en su Columna de Opinión: Durante los últimos años diversos gobiernos de la región han aplicado programas de incorporación de tecnología en la educación que responden al modelo 1 a 1. ¿Cuáles son los principales desafíos?
Durante los últimos años, diversos gobiernos de la región (a nivel nacional, estadual o municipal) han aplicado programas de incorporación de tecnología en la educación que responden al modelo 1 a 1. Estos programas suelen acompañarse de la exaltación de las transformaciones en los sistemas educativos. La dimensión y la repercusión en los medios que generan estos programas los convierte, en algunos casos, en políticas de Estado de hecho. Sin embargo una Política de Estado que se proponga la transformación y la innovación de la educación debe ir más allá de los programas asociados a dispositivos, y articularse con otras decisiones que permitan lograr lestos objetivos.

Conocemos la experiencia de países de la región que han aplicado planes de estas características. Sabemos que el efecto social de que los chicos lleven a sus casas las computadoras -y en muchos casos se conviertan en el medio que permite a muchas familias empezar a conectarse y desandar la brecha digital- es una imagen impactante con efectos visibles casi de inmediato. Los responsables de estos programas han sabido expresar muy bien esta realidad a través de imágenes y videos que provocan un fuerte impacto emotivo. Sin embargo, conviene preguntarse por el “qué sucede después”, o bien, en cómo se articulan y se apoyan los cambios en el aula y en la institución cuando llegan los dispositivos.

Una política que atienda a los cambios necesarios en el sistema educativo para lograr mejor educación para todos no pude limitarse a la introducción de las computadoras en los hogares, ni a repartir de forma más democrática estos dispositivos tecnológicos. Para lograr los cambios innovadores que conlleven a generar un nuevo entramado en las aulas y en las instituciones educativas los dispostivos tecnológicos son sólo una parte del proceso. La introducción de las tecnologías es una excusa que facilita tejer y destejer, involucrar actores, construir nuevos consensos que apunten a la concreción de este objetivo. Pero las computadoras son solamente eso, “la excusa”, pero de ninguna manera la causa de este cambio.

Los cambios esperables apuntan a transformaciones de mediano y largo aliento. Esos cambios no se dan de la noche a la mañana y son producto de la decisión de la comunidad educativa, en un proceso de innovación, que involucra si, el dispositivo tecnológico, pero que va más allá. Si los planes devienen en Políticas debiera considerarse la amplitud necesaria de tiempo a fin de apoyar y acompañar las transformaciones propuestas. En este sentido, no parece conveniente escudriñar los programas bajo de un microscopio a fin de poder enunciar, que en determinado y breve lapso de tiempo, se perciben todos aquellos resultados positivos, o por el contrario, exhibir todos los resultados negativos que demuestren el fracaso del plan.

De poca utilidad resultan mediciones que en estrechos márgenes de tiempo dan cuenta de las “mejoras de los aprendizajes” utilizando o prescindiendo de computadoras. Bien sabemos que no se pueden comparar peras con manzanas, de la misma manera que los procesos que se podrían llevar a cabo con computadoras se tendría que apuntar a obtener resultados diferentes. No por el uso de las computadoras, sino porque se proponen -o deberían proponerse- procesos que apunten más al pensamiento y al razonamiento que a la copia y transmisión de información.

Por ello, la llegada de las computadoras a las aulas y a los hogares tiene que acompañarse con otras decisiones (políticas, estratégicas) que ayuden a reposicionar a la escuela como un centro de liderazgo en la posibilidad de acceso y construcción del conocimiento de los alumnos. O mejor, invirtiendo el orden de la sentencia, las acciones y decisiones tendientes a reposicionar a la escuela como el centro significativo en la adquisición y construcción de conocimientos puede (en el sentido de posibilidad más no obligación) acompañarse de programas de distribución de dispositivos.
Vía PuntoGov en Twitter

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