19 de julio de 2012

Los cambios en la lectura por las nuevas tecnologías

Toda innovación tecnológica donde se ponen en juego los sistemas de producción y circulación del conocimiento parecen reavivar siempre la misma polémica: ¿cuál es el mejor modo de acceder, comprender y transmitir el saber? Sucedió en los comienzos de la escritura, cuando el Sócrates de Platón se oponía a la escritura porque separaba al autor del contexto, teniendo en cuenta que hasta ese momento la escritura era un mero auxiliar de la memoria, porque la transmisión del conocimiento por excelencia la encarnaba la tradición oral. 

Quinientos años de imprenta pasaron y pareciera que volvemos al mismo lugar: el libro impreso representa para muchos la mejor manera de transmitir el conocimiento, asociando al libro un tipo de lectura, la lectura intensiva. La lectura concentrada, despojada de distracciones, que renuncia a todo estímulo que pueda desviarla de sus objetivos, pareciera ser el mejor modo de leer. Desde este lugar, se estigmatiza en forma negativa otros tipos de lectura, como la lectura “superficial”, asociando a este calificativo otros que la ubican en un segundo escalón respecto de la primera. 

Sin embargo, estas posiciones desconocen que la lectura intensiva o concentrada nunca fue el único modo de lectura. Siempre hubo lecturas diagonales, rápidas, paratextuales, o como se las quiera llamar, necesarias para captar rápidamente el sentido de una obra, para ubicarla en una temática o para decidir rápidamente, leyendo nada más que el índice, si se ese libro lo vamos a comprar o no. Lo que propone Internet, entonces, es eso: una lectura superficial, fragmentada, entrecortada, que recuerda a la “lectura extensiva” que tuvo lugar en la Escolástica. Internet viene a representar entonces una lectura “hiperextensiva” que lleva este concepto mucho más allá y que, lejos de oponerse a la lectura concentrada o intensiva de los libros, la complementa. Ambas lecturas se definen por oposición, son mutuamente solidarias. Una sirve para seleccionar qué libro o texto leer, la otra, para leerlo en profundidad. 

La lectura superficial que propone Internet se parece más a una “navegación” por los textos, los botones y las ventanas. Y actualmente se diversifica en multiplicidad de dispositivos de lectura: libros papel, computadoras, tabletas, e-readers… Y este tipo de lectura, lejos de ser de segunda categoría, se vuelve imprescindible hoy, más que nunca, para hacer frente a la superabundancia de información que hay en la red. ¿Cómo lidiar con tantos textos, cómo determinar su calidad y comparar unos con otros, como conocer rápidamente las fuentes? La lectura superficial, en clave de navegación es la respuesta a este tipo de requerimiento.. La elección del dispositivo de lectura, del texto y del tipo de lectura –sea superficial o profunda- tendrá que ver más que nada con las metas y estrategias de lectura del lector, quien encontrará en una u otra el mejor modo de acceder al conocimiento.


Fuente: Los cambios en la lectura por las nuevas tecnologías. (Las negritas son nuestras)

Autor: Francisco Javier Albarello. Doctor en Comunicación Social (Universidad Austral), docente e investigador de la Universidad Austral, la Universidad Nacional de San Martín y coordinador de Periodismo 1 a 1, del Proyecto Escuelas de Innovación, Programa Conectar Igualdad. Autor de "Leer/navegar en Internet. Las nuevas formas de lectura en la computadora"

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3 comentarios:

  1. Varias veces me he encontrado estudiando ya sea en notas e informes, como en libros en línea, leyendo de manera "intensiva", concentrado, despojado de distracciones, frente a la pantalla de un monitor, y desde hace unos meses en el display de mi smartphone.

    Notablemente estoy desarrollando una preferencia a leer contenidos que busco en el web, entre ellos libros. Me ha pasado que he comprado un libro impreso y más tarde lo he encontrado en línea; no pocas veces me "atrajo" más leerlo a través de un dispositivo que del papel.

    Me da la impresión que todo depende del lector, y de la preferencias que desarrolle a partir de los hábitos de lectura que tenga. La comodidad por la portabilidad que tiene mi smartphone con su display de 4,27 pulgadas, me está resultando una ventaja comparativa interesante frente a un libro, últimamente.

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  2. La ventaja de la portabilidad y, en mi caso asimismo la necesidad de consultar, buscar ("googlear")ha ido modificando mis preferencias de lectura. Así que, coincido contigo, Jorge. Por otro lado, reconozco que el hecho de estar conectada a redes como Facebook o chequear Twitter o el impulso de leer y responder los correos electrónicos que ingresar me desconcentra y no he podido modificar hábitos en ese sentido. Gracias por pasar por el blog. Saludos.

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  3. Gracias Silvia por citar mi artículo!
    Coincido son los comentarios de ambos. Las metas y estrategias de lectura de los lectores son las que definen qué leer y a través de qué dispositivo hacerlo. A veces optamos por lo más cómodo, que no siempre es lo mejor, pero nos resuelve la cuestión más rápidamente. Estamos en un momento de transición, de multiplicidad de pantallas que conviven y a veces se fagocitan, pero el tiempo dirá qué uso le daremos a cada una.
    Saludos!

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