viernes, 22 de junio de 2012

Sherry Turkle: ¿Conectados pero solos?

A medida que esperamos más de la tecnología, ¿esperamos menos de los demás? Sherry Turkle estudia la manera en que nuestros dispositivos y las personas conectadas en línea están redefiendo la comunicación y las conexiones humanas; y nos pide que pensemos seriamente en los nuevos tipos de conexiones que queremos tener: Para ver el video en TEDTalks (subtítulos en español):


 

Transcripción: 
Veamos algunos ejemplos rápidos: la gente envía textos o correos durante reuniones corporativas. Envían textos, compran e ingresan a Facebook en medio de clases, conferencias y en toda clase de reuniones. Me hablan de la nueva e importante habilidad de hacer contacto visual mientras se manda texto. (Risas) Me explican que es difícil, pero que es posible. Los padres mandan textos o correos en el desayuno y la cena, mientras que sus hijos se quejan por no tener la completa atención de sus papás. Pero también estos mismos chicos se niegan atención completa entre ellos. Esta es una foto reciente de mi hija y sus amigos juntos, pero sin estar juntos. Y chateamos hasta en los funerales. Esto estudio. Nos apartamos de nuestro duelo o nuestra fantasía para meternos en nuestros teléfonos.
¿Por qué es importante? Me importa porque creo que nos estamos metiendo en un problema, en un verdadero problema, tanto en la manera de relacionarnos con los demás,como en la forma de relacionarnos con nosotros mismos y en nuestra capacidad de autoreflexión. Nos estamos acostumbrando a una nueva forma de estar juntos en solitario.La gente quiere estar con los demás, pero también en otros lugares; conectada a todos los sitios que quiere estar. Quieren personalizar sus vidas. Quieren entrar y salir de todos los lugares donde están porque lo que más les interesa es controlar el foco de su atención.Quieren ir a la reunión de la junta, pero solo para poner atención a las partes que les interesa. Algunos creen que eso es bueno, pero así pueden terminar escondiéndose unos de otros, aunque estén permanentemente conectados entre sí.
Me tomó por sorpresa Stephen Colbert cuando me hizo una pregunta muy seria, una pregunta muy seria. Me dijo: "¿No es cierto que todos esos tweets, todos esos pequeños sorbos de comunicación en línea, equivalen a un gran bocado de conversación real?" Mi respuesta fue negativa, no suman. Estar conectados en sorbos para obtener porciones de información puede funcionar para decir: "Estoy pensando en ti." o para decir: "Te quiero."Nada más vean cómo me sentí al recibir ese mensaje de mi hija; pero no funcionan bienpara aprender unos de otros, para en efecto llegar a conocer y aprender entre sí. Utilizamos conversaciones entre nosotros para aprender a tener conversaciones con nosotros mismos.Así, huír de la conversación en realidad puede afectar, porque pone en riesgo nuestra capacidad de autoreflexión. Cuando los pequeños crecen, esta habilidad es la base de su desarrollo.
Con frecuencia oigo decir: "Prefiero mandar mensajes que hablar." Y veo que la gente está tan acostumbrada a ser defraudada en las conversaciones reales, tan acostumbrada a pasarla con poco, que llegan casi a estar dispuestos a prescindir de toda la gente. Así, por ejemplo, muchas personas comparten conmigo el deseo de que algún día, una versión avanzada de Siri, el asistente digital del iPhone de Apple, llegue a ser como un buen amigo, alguien que escucha cuando otros no lo hacen. Creo que este deseo refleja una dolorosa verdad que hemos aprendido en los últimos 15 años. Esa sensación de que nadie me escucha es muy importante en nuestra relación con la tecnología. Por eso es tan atractivo tener una página en Facebook o una cuenta en Twitter... tantos oyentes automáticos. La sensación de que nadie me escucha nos lleva a querer emplear el tiempocon máquinas que parecen interesarse en nosotros.
Hoy, esos teléfonos de bolsillo están cambiando nuestras mentes y corazones porque nos ofrecen tres gratificantes fantasías. La primera es que podemos poner la atención donde queremos tenerla; la segunda, que siempre seremos escuchados; y la tercera, que nunca estaremos solos. Esta última idea, que nunca estaremos solos, es clave para cambiar nuestra psique. Porque en el momento que alguien se queda solo, incluso por unos segundos, se pone ansioso, se aterra, se inquieta, busca un dispositivo. Piensen en la gente haciendo fila para pagar o en un semáforo en rojo. Estar solos es como tener un problema que hay que resolver y la gente lo soluciona conectándose. Pero en este caso, conectarse es más un síntoma que un remedio. Expresa pero no resuelve un problema subyacente. Más que un síntoma, la conexión permanente está cambiando la forma que la gente piensa de sí misma. Está conformando un nuevo modo de ser.
¿Cómo se pasa de la conexión al aislamiento? Se termina aislado si no se cultiva la capacidad de estar solos, la habilidad de estar separados, de estar con uno mismo. La soledad es donde uno se encuentra a sí mismo de modo que uno pueda llegar a los otros y formar afectos reales. Si no tenemos la capacidad de estar solos, acudimos a otros para sentir menos ansiedad o para sentirnos vivos. Cuando esto sucede, no podemos apreciar quiénes son. Es como si los estuviéramos usando como repuestos para apoyar nuestro frágil sentido del ser. Incurrimos en creer que estar siempre conectados nos hace sentir menos solos. Pero estamos en peligro, porque en realidad es todo lo contrario. Si no podemos estar solos, estaremos más solos. Y si no enseñamos a nuestros hijos a estar solos, sólo van a saber cómo estar aislados.
Cuando hablé en TED en 1996, informando sobre mis estudios de las primeras comunidades virtuales, decía: "Aquellos que logran el máximo de sus vidas en la pantalla,llegan con un espíritu de autoreflexión." Y ahora este es mi llamado: reflexión y más que eso, una conversación sobre el destino al que el uso actual de la tecnología puede llevarnos, lo que nos podría costar. Estamos fascinados con la tecnología y como los jóvenes amantes, tenemos miedo que hablar mucho pueda arruinar el romance. Pero es el momento de hablar. Crecimos con la tecnología digital y entonces la vemos como madura.Pero no es así, está en sus pinitos. Tenemos tiempo suficiente para que reconsideremos cómo usarla, cómo construírla. No estoy sugiriendo que nos alejemos de nuestros dispositivos, sino que desarrollemos una relación más consciente con ellos, con los otros,con nosotros mismos.